Estaba tan perdido entre concentrarme en ti o concentrarme
en mí, asolaba una pequeña noción de que estaba haciendo las cosas mal, asomaba
la voz de él a través del teléfono mezclándose con la tuya. Cólera, de saber
que yo había llegado buscando camino para salir de mi laberinto, sin saber que
entraba a uno peor, de paredes transparentes, donde todo parecía normal pero no
lo era.
Eran las once y media de la noche y me llamaste:
-
¿Bebé? ¿Cómo estás?
-
Bien, ya estoy regresando a casa, el concierto
fue genial.
-
Te quiero – no recuerdo que balbuceaste sobre un
vídeo -- pero escuché ; Manuel, ven
mira.
-
¿Estás con Manuel? – Ya eran las doce de la
noche, vivías lejos.
-
Si
dormiré en su casa
-
Ah, te hablo mañana, no quiero hablar.
-
¿Por qué? ¿Qué pasa?
-
Te hablo mañana, chau – corté.
Me hundí, en el asiento del taxista y llegué a mi casa,
ordené unas cosas, revisé mis cárceles virtuales y me quedé hablando con
Anónima y con La Griega.
Dormí tan plácidamente y no quería escribirte.
No puedo entender como me puedes querer tan aisladamente, me
gusta y eso está mal.
Cuando me acerco me dejas, te gusta y yo soy tu plato de
segunda mesa, y SABERLO, es lo peor.
Escucho La Banlieu de Beirut y, tal y como te dije, todas
sus canciones me hacen pensar en ti, me gustaría dejar de quererte, de la noche
a la mañana olvidarte o al menos a ti no, si no lo que representas para mí.
¿Te quiero, o simplemente soy muy estúpido? La segunda
opción me parece más consoladora, total, siempre me he vivido equivocando,
pero, creo que la primera es la real.
No quiero que me quieras más, pero así como no puedo hacer
que me quieras tampoco puedo hacer que dejes de hacerlo.
Saberte en otros brazos, me agujerea el pecho.
“Te encontraré en otros cuerpos mientras tú me irás
perdiendo en otras camas”
"Pienso fumarme tu recuerdo, hasta que sólo queden cenizas entre nosotros"
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