Ya va a ser un mes.
No sé si treinta o treinta y un días, sólo sé que ya será un mes desde que empezó el último libro de nuestro credo, nuestro extraño apocalipsis que yo siento como un armagedón.
Y casi tres meses desde el comienzo de todo, ¿Qué me hiciste? No me atrevería a preguntarte eso me auto propinaría una paliza.
Es complicado, sí; ha cambiado, no.
Podría detallar tu cabello lacio, el como cogías mi mano y como me besabas, el como tratabas de explicar y el como no querías que te mirara.
Podría detallar las horas que esperaba verte, días, semanas comprensible.
Podría hacer una lista de las cosas que odio de ti y no me arrepentiría, eres perfectamente imperfecta,
utópica, representas una real pero contradictoria perfección que aún me sigue robando las noches, el sueño.
No te lo voy a negar, jamás lo he hecho, hay varias, por no decir dos o tres, que rondan mi vida, que tratan de hacerle un
check mate a lo que significas para mi.
Me gustaría poder un día, una última vez,tenerte para mi, aunque creo que lo único que haría sería mirarte, me encanta mirarte, me encanta escucharte, me encanta cuando dices
Terminarás odiando mi risa y me encanta pensar en que eres tonta porque tienes la sonrisa más linda.
Me encantas.
Eres tan tuya, y lo supe desde un comienzo, que, sonando muy alzado y creído, me dio miedo ser una parte importante para ti, muy importante, tanto que pierdas esa autonomía tuya que tanto me enamoró, supongo que los papeles terminaron invertidos.
Cada que escribo o pienso en ti, todo me suena a despedida, quizás por eso trato de no pensarte, para no decir adiós.
Morado. Verde. Rubia. Cigarro en mano y labial rojo.
Esa imagen es la que perdurará, la primera noche y aun mantengo ese pensamiento de que quien salga contigo ha de ser una persona muy genial, quizás me arrepiento de aquella vez que estábamos sentados en el paradero de tu casa esperando que llegue mi carro porque te encaprichaste con embarcarme, no haber corrido a la verma central, tocarla y regresar a sentarme a tu lado, quizás pensé mucho.
Tu blusa de gatos, tus tatuajes, los seis (muñeca, dedo, oreja, cuello y ambos hombros), tus dedos delgados y tus marcas más internas que físicas me impiden ser el inútil de antes, aquel que la vida le daba igual.
Siempre hay un antes y un después, lo bonito es que el después siempre estuvo desde el comienzo del antes y siempre iba a estar allí, siempre habrían "despueses" por espacios de tiempos pequeños y siempre volvíamos al "antes", y no tienes idea de cuántas ganas tenía de que regresases.
Tus miradas perdidas, tus frases ocurrentes, tu venti de Starbucks que no terminaste porque se enfrió, encontrarnos en La Marina y que me hagas caminar hasta tu casa, nada de eso tiene precio, nada al igual que el que me vayas a recoger a la U a las siete y cuarenta y cinco de la noche cuando mi hora de salida eran las cinco y media (¿Entiendes por qué digo que vale la pena esperar por tí?).
Hace un mes y medio no escribía aquí sobre ti, exactamente un mes y medio.
No creo que leas ésto, no has de revisar mi blog, eso lo tengo presente y sé que yo no te lo pasaré, me da vergüenza y me cohibe ahora que sepas que aún te quiero igual que la primera vez, igual que la primera vez que te dije lo que te dije por Facebook Chat o cuando te dije que eras Venus de Milo, cuando te dije Venus y tú me dijiste Marte y te reíste como una tonta, te quiero así, te quiero de verdad, de una manera que no había querido antes.
Gracias Griega, Venus, Utopisk, Bía, Eukcharisse, gracias.